Colección Minis · 3-5 años

Cubierta de Kai y la hermanita que llegó a casa

Kai y la hermanita que llegó a casa

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Kai y la hermanita que llegó a casa

Un cuento de Magicandia · para regalar y compartir · edad 3-5


De noche, con luna llena, mamá loba aúlla suavecito junto a Kai, que duerme tranquilo

En la Loma de los Pinos de Magicandia vivía un cachorro de lobo llamado Kai, con una oreja siempre un poquito caída.

Cada noche, antes de dormir, mamá loba le cantaba a Kai un aullido suavecito, solo para él, que terminaba siempre igual: —Ahuuu… mi Kai.

De día, mamá loba lame a la hermanita recién llegada; un conejo, una ardilla y un tejón miran curiosos; Kai está sentado solo, apartado

Pero un día llegó a casa una hermanita muy pequeña, tan pequeñita que cabía entera entre las patas de mamá. Todos la miraban, todos hablaban de ella.

De noche, mamá loba canta a la hermanita; Kai, hecho un ovillo en su rincón

Esa noche, mamá loba fue a cantarle a la hermanita primero.

Kai se hizo un ovillo en su rincón, con el hocico escondido bajo la cola.
—Ya no le importo. Ahora solo le importa ella.

De noche, bajo la luna, mamá loba aúlla para Kai; Kai la mira y empieza a sonreír

Mamá loba terminó su canción a la hermanita y se acercó a Kai despacito.
—¿Sabes qué, Kai? Ven aquí un momento.

Kai se acercó, todavía con la orejita caída.

Mamá loba respiró hondo y cantó: —Ahuuu… mi Kai.

Exactamente la misma canción de siempre. Ni una nota cambiada.

De día, la hermanita se ha caído de morros en la hierba; Kai le acerca una piña

—Pero… ella también tiene su canción ahora —dijo Kai, sin entender del todo.

—Ella tiene la suya, y tú sigues teniendo la tuya —dijo mamá loba—. Mi cariño no es una manzana que se parte en trozos más pequeños cuando llega alguien nuevo. Es más como el eco en la montaña: cuando aúllo por ti, no se hace más bajito porque también aúlle por ella. Se hace más grande el bosque entero de aullidos.

Kai se quedó pensando, con la cabeza ladeada.
—¿Entonces tengo el mismo cariño de antes… y ella tiene el suyo aparte?

—Exacto —sonrió mamá loba—. Tu canción no se la presté a nadie. Sigue siendo solo tuya.

Al día siguiente, cuando la hermanita lloraba y todos corrían a verla, Kai se quedó un momento quieto, con el pecho apretado. Pero esa noche, cuando mamá loba cantó otra vez «Ahuuu… mi Kai», exactamente igual que siempre, algo en su pecho se aflojó un poquito.

Pasaron varias noches. Cada una con las dos canciones, ninguna más corta que la otra.

Una tarde, Kai vio a la hermanita intentando alcanzar una piña y cayéndose de morros en la hierba. Sin pensarlo, se acercó y se la puso más cerca con el hocico.

—Toma. Esta es fácil.

La hermanita lo miró con sus ojos redondos y agitó la colita, feliz.

Kai sintió algo nuevo: no era que le importara menos a mamá. Era que ahora, además, tenía a alguien a quien enseñarle cosas.

Esa noche, cuando le tocó su canción, Kai la escuchó entera sonriendo.

—Mi cariño sigue siendo mío. Y ahora también tengo alguien a quien cuidar.

Porque en Magicandia los lobeznos saben un secreto: el amor de verdad no se reparte en trocitos más pequeños; cada vez que llega alguien nuevo a quererlo, el bosque entero de cariño se hace más grande. 💛


FIN

Ahora te toca a ti

¿En cuántos dibujos sale la luna?

Busca la oreja caída de Kai. ¿Está en todos?

¿Qué le acercó Kai a su hermanita?

Si en tu casa hay alguien pequeño, ¿qué le podrías enseñar tú?

¿Te ha gustado?

Este cuento es un regalo: puedes leerlo, compartirlo y guardarlo, siempre gratis.

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Gracias por leer con quien quieres.

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Hoja hecha a partir del ePub sellado 845d552f · MAG · 2026-10-05 14:23:38 +0200